
Este meme retrata a la perfección esa incómoda situación comercial en la que un vendedor te ofrece un producto con un entusiasmo desbordante. El chiste se apoya en la tierna pero resignada mirada de un perrito caniche con el pelo muy esponjoso, cuya expresión refleja timidez, paciencia infinita y una ligera dosis de culpa por lo que está a punto de hacer.
Todos nos hemos sentido identificados con esa carita de circunstancias al intentar ser amables mientras buscamos el momento exacto para interrumpir el monólogo y soltar el temido «gracias, solo estaba mirando». Es esa lucha interna entre la educación y las ganas de huir rápidamente del establecimiento.
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